Lo primero que debemos hacer es poner el trigo sarraceno a remojo durante 8 horas. Pasado ese tiempo, aclaramos, desechando el agua donde han estado en remojo.
En una batidora (yo uso mi Vitamix), trituramos el trigo sarraceno con los 350 gramos de agua. Puedes dejar algún trocito sin triturar de trigo sarraceno. A mí personalmente me encanta porque queda una miga más crujiente.
En un cuenco mezclamos todos los ingredientes secos con una varilla. Añadimos el trigo sarraceno triturado con el agua y amasamos. Debe quedar una masa lisa, homogénea y espesa. Tapamos con un film y dejamos fermentar en la nevera durante 12 a 24 horas (leer en el texto los beneficios de la fermentación en frío).
Retiramos de la nevera mientras se precalienta el horno a 200º. Es importante que el horno esté bien caliente cuando vayamos a meter el pan. De hecho, yo suelo precalentar a 220º y luego lo bajo a 200 para hornear. Puedes decorar el pan con las semillas de amapola si quieres. Si es así, apriétalas un poco con suavidad para que se peguen a la corteza. Horneamos a 200º con calor arriba y abajo, durante 55 minutos. Importantísimo dejar enfriar por completo antes de cortar el pan. Se puede guardar 5 días en la nevera o congelar ya en rebanadas y descongelar directamente en el tostador.