
¿Qué ha cambiado y qué significa para los pacientes?
Actualizado: agosto de 2026
La enfermedad celíaca sigue siendo una de las enfermedades autoinmunes más infradiagnosticadas. Aunque en los últimos años se ha avanzado mucho en su conocimiento, todavía hay muchas personas que tardan años en recibir un diagnóstico o que presentan síntomas difíciles de interpretar.
Con el objetivo de mejorar esta situación, en 2026 se ha publicado la actualización del Protocolo para el Diagnóstico Precoz de la Enfermedad Celíaca, elaborado por el Sistema Nacional de Salud. Este documento revisa la evidencia científica más reciente y adapta algunas recomendaciones para mejorar tanto el diagnóstico como el seguimiento de las personas con enfermedad celíaca.
Este artículo resume los principales cambios de esta actualización y los compara con la versión anterior del protocolo (2018), con el objetivo de explicar de forma sencilla qué ha cambiado y qué implican estas novedades para las personas con enfermedad celíaca, tanto para quienes acaban de ser diagnosticadas como para quienes llevan años conviviendo con la enfermedad y desean mantenerse informadas.
¿Ha cambiado la forma de diagnosticar la enfermedad celíaca?
La respuesta corta es no.
La actualización no supone una revolución en el diagnóstico, sino una evolución basada en los conocimientos científicos adquiridos durante los últimos años.
El protocolo sigue dejando claro que no existe una única prueba capaz de diagnosticar o descartar la enfermedad celíaca en todos los casos.
El diagnóstico continúa apoyándose en la combinación de diferentes elementos:
- La historia clínica y los síntomas.
- Los análisis de sangre (serología).
- La biopsia intestinal cuando está indicada.
- El estudio genético (HLA) en situaciones concretas.
Cada una de estas pruebas aporta información diferente y es la valoración conjunta de todas ellas la que permite llegar a un diagnóstico fiable.
La enfermedad celíaca puede manifestarse de muchas formas
Uno de los mensajes más importantes de esta actualización es que la enfermedad celíaca no siempre se presenta con los síntomas clásicos.
Durante mucho tiempo se relacionó casi exclusivamente con diarrea, pérdida de peso o problemas de crecimiento. Hoy sabemos que esa imagen representa solo una parte de la realidad.
Cada vez es más frecuente diagnosticar personas cuyos síntomas son muy diferentes, como por ejemplo:
- Cansancio persistente.
- Anemia por déficit de hierro.
- Distensión abdominal.
- Estreñimiento o diarrea.
- Migrañas.
- Osteopenia u osteoporosis.
- Problemas reproductivos.
- Alteraciones neurológicas.
- Dermatitis herpetiforme.
Incluso existen personas con muy pocos síntomas o completamente asintomáticas.
Precisamente por esta gran variedad de manifestaciones, el protocolo insiste en mantener un alto grado de sospecha clínica para evitar retrasos innecesarios en el diagnóstico.
Un análisis negativo no siempre descarta la enfermedad
Los anticuerpos específicos continúan siendo una herramienta fundamental para iniciar el estudio.
Sin embargo, la actualización recuerda que una serología negativa no siempre excluye la enfermedad celíaca.
Existen pacientes con lesiones intestinales leves, formas seronegativas o determinadas circunstancias clínicas en las que los análisis pueden ser normales.
Por este motivo, los resultados siempre deben interpretarse junto con la historia clínica y el resto de las pruebas.
La biopsia sigue teniendo un papel fundamental
En los últimos años se ha hablado mucho del diagnóstico sin biopsia, especialmente en niños.
Sin embargo, en la población adulta la biopsia continúa siendo una herramienta muy importante para confirmar el diagnóstico y descartar otras enfermedades que pueden producir síntomas similares.
Además, el protocolo recuerda que las lesiones intestinales pueden distribuirse de forma irregular, por lo que obtener varias muestras del duodeno sigue siendo esencial para mejorar la precisión diagnóstica.
El estudio genético mantiene su utilidad
Los genes HLA-DQ2 y HLA-DQ8 siguen desempeñando el mismo papel que en el protocolo anterior.
Es importante recordar que tener estos genes no significa ser celíaco. De hecho, muchas personas sanas también los presentan.
Su principal utilidad continúa siendo ayudar a descartar el diagnóstico cuando existen dudas.
Una de las novedades: los péptidos inmunogénicos del gluten (GIP)
Una de las incorporaciones más interesantes de la actualización es la referencia a los péptidos inmunogénicos del gluten (GIP).
Estos pueden detectarse en orina o en heces y permiten comprobar si ha existido una ingesta reciente de gluten.
Es importante aclarar que no sirven para diagnosticar la enfermedad celíaca.
Su utilidad está relacionada con el seguimiento de algunos pacientes, especialmente cuando persisten los síntomas o existen dudas sobre una posible exposición involuntaria al gluten.
Aunque todavía no forman parte del seguimiento habitual de todas las personas con enfermedad celíaca, representan una herramienta prometedora que probablemente veremos con más frecuencia en los próximos años.
Hace un tiempo publicamos un artículo en colaboración con Gluten Detect en el que explicábamos con detalle cómo funcionan estos test de detección de GIP, qué pueden aportar al seguimiento de la dieta sin gluten y cuáles son sus limitaciones. Si todavía no lo has leído, te recomendamos echarle un vistazo, ya que complementa muy bien la información recogida en esta actualización del protocolo. Te lo dejo enlazado aquí.
El seguimiento cobra más protagonismo
Si hay un aspecto en el que la actualización pone especial énfasis es en el seguimiento de las personas diagnosticadas. Confirmar el diagnóstico es solo el primer paso.
A partir de ese momento es importante comprobar periódicamente que:
- Los síntomas mejoran.
- La dieta sin gluten está siendo eficaz.
- Desaparecen las deficiencias nutricionales.
- No aparecen complicaciones asociadas.
Este es un mensaje especialmente importante para quienes llevan años conviviendo con la enfermedad celíaca: el seguimiento no termina cuando se inicia la dieta sin gluten. Mantener revisiones periódicas sigue siendo una parte fundamental del cuidado de la salud.
Un mensaje que no cambia: no retirar el gluten antes del estudio
Hay una recomendación que permanece exactamente igual porque sigue siendo uno de los errores más frecuentes.
Si existe sospecha de enfermedad celíaca, no debe iniciarse una dieta sin gluten antes de completar el estudio diagnóstico, salvo que así lo indique el especialista.
Eliminar el gluten antes de realizar las pruebas puede normalizar tanto los análisis como la biopsia y dificultar, o incluso impedir, un diagnóstico correcto.
¿Qué diferencias hay con el protocolo anterior?
Aunque las bases del diagnóstico permanecen prácticamente iguales, la actualización introduce varios cambios importantes.
Entre ellos destacan:
- Se reconoce con más fuerza que la enfermedad celíaca puede presentarse con síntomas muy variados o incluso pasar desapercibida durante años.
- Se refuerza la importancia del seguimiento una vez realizado el diagnóstico.
- Se incorporan nuevas herramientas, como los péptidos inmunogénicos del gluten, que pueden ser útiles en determinadas situaciones.
- Se actualizan los algoritmos diagnósticos para facilitar la toma de decisiones tanto en Atención Primaria como en Atención Hospitalaria.
- Se revisa la evidencia científica disponible para adaptar las recomendaciones a los conocimientos actuales.
En definitiva, más que cambiar la forma de diagnosticar la enfermedad celíaca, el protocolo actualiza la manera de entenderla y de acompañar al paciente a lo largo del tiempo.
Mi valoración
Desde mi punto de vista, esta actualización supone un paso adelante porque refleja mejor la realidad que viven muchas personas con enfermedad celíaca.
Durante años, la imagen clásica de la enfermedad se ha asociado casi exclusivamente a síntomas digestivos como la diarrea o la pérdida de peso. Sin embargo, la experiencia clínica y la investigación han demostrado que la enfermedad celíaca puede manifestarse de formas muy diferentes y que muchas personas pasan años sin diagnóstico porque sus síntomas no encajan con ese patrón «típico».
Me parece especialmente positivo que el protocolo insista en esta realidad y recuerde que el diagnóstico debe basarse en una valoración global del paciente y no únicamente en el resultado de una prueba aislada.
También valoro muy positivamente que se dé más importancia al seguimiento. El diagnóstico no termina cuando se confirma la enfermedad: mantener una dieta sin gluten segura, controlar la evolución y resolver las dudas que pueden surgir con el paso de los años forman parte del manejo de la enfermedad celíaca.
Por último, la incorporación de herramientas como la detección de péptidos inmunogénicos del gluten demuestra que el conocimiento sobre la enfermedad continúa avanzando. Aunque todavía no sustituyen a las pruebas tradicionales ni están indicadas para todos los pacientes, representan un ejemplo de cómo la investigación sigue aportando recursos que pueden ayudar a mejorar el seguimiento en situaciones concretas.
En definitiva, esta actualización no cambia las bases del diagnóstico, pero sí ofrece una visión más completa, más realista y más centrada en las necesidades de las personas con enfermedad celíaca. Y esa, sin duda, es una excelente noticia.
En resumen
La actualización del protocolo de diagnóstico de la enfermedad celíaca publicada en 2026 mantiene las bases del protocolo anterior, pero incorpora nuevos conocimientos y pone el foco en aspectos que hasta ahora habían recibido menos atención.
El diagnóstico continúa apoyándose en la historia clínica, la serología, la biopsia cuando está indicada y el estudio genético en casos seleccionados.
Las principales novedades se centran en reconocer la gran variedad de formas de presentación de la enfermedad, reforzar la importancia del seguimiento y abrir la puerta a nuevas herramientas que pueden ayudar a mejorar el control de los pacientes.
Como siempre, la investigación sigue avanzando y es probable que en los próximos años dispongamos de nuevas herramientas diagnósticas y de seguimiento. Mientras tanto, esta actualización supone un paso importante para ofrecer una atención más completa, más personalizada y basada en la mejor evidencia científica disponible.
